METAMORFOSIS
Una mañana en el mes de abril de 1967, cuando me desperté como cada día para ir al trabajo, sin ninguna gana por supuesto (yo trabajaba en una empresa de publicidad y tenía al jefe más duro que existe en el mundo); en fin, me levanté dispuesto para ir al trabajo y más valía que me diese prisa porque como llegase tarde…
Me fui al baño a lavarme la cara y de pronto noté una piel suave pero con pelo muy extraño. Como ya me temía lo peor, fui levantando la cara lentamente para mirarme al espejo y, al verme, de la impresión me caí al suelo; acto seguido comencé a gritar con toda la fuerza de la que era capaz.
Esto que me estaba pasando era una pesadilla, tenía que ser una pesadilla, no podía ser real; me había convertido: en un ¡oso pardo!
Me pellizqué la cara, me metí en la ducha con agua helada, me di cabezazos contra la pared y entonces desistí; esto no era un sueño ni una pesadilla, era real. Comencé a pensar; tenía que hacerlo rápido si no quería que mi familia se enterase. Justo en ese momento llamaron a la puerta y se oyó una voz:
-Venga cariño date prisa que tienes que irte a trabajar, vas a llegar tarde.
-Sí mamá, ya salgo (contesté tosiendo para disimular mi nueva voz).
-¿Cielo te pasa algo?
-No mamá vete, estoy bien, ya salgo.
Entonces entendí; si quería evitar el panorama familiar y todo lo demás tenía que huir; esta sociedad no me iba a aceptar. Decidí dar una vuelta por Madrid a ver si encontraba un amigo o alguien como yo, que le hubiese pasado lo mismo que a mí. Abrí la ventana y salté: vivía en un bajo así que la caída no fue grande, además mi ventana daba al jardín y la hierba amortiguó mi caída.
Anduve hacia el sudeste sin rumbo fijo hasta que llegué a Atocha (glorieta del emperador Carlos V), seguí andando y topé con la Cuesta Moyano, cuesta donde desde hace mucho tiempo se exponen libros y comics muy antiguos. Quería dedicar una parte de mi tiempo a subir por la Cuesta Moyano hacia El Retiro e ir mirando detenidamente los libros, pero decidí hacer eso mas tarde así que seguí mi rumbo; entré en el Jardín Botánico donde hay plantas de todo tipo: es ¡impresionante! Pero no vi mucho, estuve poco tiempo porque mi objetivo principal era el Museo del Prado; el Museo del Prado tiene tres entradas: la de Murillo, la de Velázquez, y la de Goya.
Me decidí a entrar por la de Goya y me preparé para ver pinturas fascinantes porque el Museo del Prado es un museo de arte, es de los mejores de Madrid y del mundo. Tuve problemas para entrar pero al final lo conseguí.
Os contaré con el mayor detalle del que soy capaz todo lo que vi; lo primero que vi fueron las pinturas de Velázquez pero como hay miles os hablaré de las que yo creo que son las más importantes y de las que a mí más me gustaron: Mercurio y Argues -es un cuadro mitológico-, Las Hilanderas, El bufón calabacillas, Felipe III a caballo -Velázquez solía pintar a muchos personajes de la corte a caballo-, Las Lanzas o La rendición de Breda -representa la victoria de los tercios de Flandes cuando conquistan Breda; tiene una perspectiva impresionante-, La fragua de Vulcano, Los Borrachos también conocido como el triunfo de Baco, y por último Las Meninas, el cuadro más famoso de Velázquez y según dicen el mejor. Después vi pinturas de varios autores porque los cuadros estaban mezclados. Ahora os hablaré de Zurbarán: es un pintor barroco, pinta sobretodo pinturas religiosas, algunos de sus cuadros son: Santa Isabel de Portugal y la Inmaculada Concepción.
Luego vi pintura flamenca, casi toda del Bosco: El carro de heno, y el Jardín de las Delicias -a mí este cuadro me gustó mucho-, y también La mesa de los pecados capitales, y El triunfo de la muerte, de Bruegel el Viejo. Después vi los cuadros de Pedro Pablo Rubens: El juicio de Paris, El jardín del amor, Aquiles descubierto, Perseo y Andrómeda, Diana y sus ninfas sorprendidas por sátiros y Las tres gracias- es muy famoso y es el mejor cuadro de Rubens. Después vi pinturas de Francisco Rizi: impactante Auto de fe en la plaza mayor de Madrid. Por último vi un pintor muy famoso Goya; como tiene tantas pinturas y casi todas son importantes sólo diré algunas: Cristo crucificado, La asunción de la virgen, El rey Carlos IV de rojo, San Juan bautista en el desierto, y yo creo que las dos más importantes son: La maja vestida y La maja desnuda. Hay muchas más pinturas de Goya y muchos más pintores que no he citado pero es porque el Museo del Prado es enorme y se necesitaría un día entero para poder verlo todo y como yo no tenía tanto tiempo salí del museo y retrocedí hasta llegar a la Cuesta Moyano; subí la cuesta mientras ojeaba algunos de los libros que había, hasta que llegué al Retiro. Empecé a recordar que cuando era pequeño mis padres me traían aquí cada mañana, recorrí el Retiro aunque ya me lo conocía muy bien, pasé frente a los numerosos parques donde los niños se divertían y las madres sentadas en los bancos hablando unas con otras esperando a que los niños se cansaran y se pudieran ir a casa, pasé también por el lugar donde se encuentran los títeres y por un paseo en el que hay algún que otro mimo, pasé por el estanque donde me encontré a un pato, al que le conté mi historia y le pregunté si se quería venir conmigo y el pato me contestó que no sabía qué le estaba contando, que a él nunca le había pasado nada parecido y que no se quería venir conmigo, así que me alejé del estanque y después de echar un último vistazo me alejé del Retiro. Una vez fuera me metí por una serie de callejuelas hasta que aparecí en la Plaza Mayor, sin detenerme ni un instante, bajé por la calle Mayor hasta que llegué al palacio real y en frente del palacio estaba la plaza de Oriente. Allí en medio de la plaza de Oriente había una estatua, me acerqué para verla mejor; era una estatua en la que aparece un rey montado a caballo, pero lo curioso es que el caballo está en dos patas, algo casi imposible ya que fue muy difícil conseguirlo; trabajaron varios escultores en ello y no sabían como conseguir que el caballo se sostuviera en dos patas hasta que a uno de los escultores se le ocurrió ponerle plomo en la parte trasera. Después de haber recorrido una gran parte de Madrid a pie sin haber encontrado a nadie como yo, decidí que tenia que salir de Madrid, así que caminé y caminé hasta que perdí la conciencia; cuándo abrí los ojos estaba en un camino arenoso rodeado por árboles, me puse en pie y seguí andando, cinco minutos después me encontré en un claro donde había un madroño, que es un arbusto que puede llegar a crecer tanto como un árbol. Me acerque a él y le conté mi historia, él puso cara de sorpresa y me dijo:
-¡A mi me ha pasado lo mismo!
-Podríamos quedarnos juntos.
-Sí, quedémonos aquí.
-No, si no te importa yo prefiero ir a un lugar donde haya gente.
-Me sé el sitio adecuado, sígueme.
Caminamos hasta que llegamos a la Puerta del Sol y nos quedamos allí. A la gente le sorprendió tanto que empezaron a hacernos fotos y el alcalde dijo que formaríamos parte del escudo de Madrid y nos hizo una escultura en nuestro honor. El alcalde hizo una foto a la escultura y otra a nosotros y nos dio las dos fotos a cada uno.
De repente sonó el despertador y se oyó la voz de mi madre: venga cariño vas a llegar tarde al trabajo. ¡Uf! Menos mal, tan sólo había sido una pesadilla; pero cuando me levanté, entre las sábanas encontré las dos fotografías.
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