martes, 22 de febrero de 2011

La que en un pasado fue mi madre es ahora mi hermana-2004

      LA   QUE  EN  UN  PASADO  FUE  MI  MADRE   ES  AHORA  MI  HERMANA.   


Hola,  me llamo María y os voy a contar una historia sobre la reencarnación: es decir, sobre mi vida. Nada más nacer en el Hospital de la Paz, encima de los brazos de mi madre, a ella y a mí nos llevaron a un laboratorio y a las dos nos insertaron un chip. Pero yo no sabía qué era un chip ni qué me estaban haciendo puesto que tan sólo tenía tres minutos de vida. Y mis padres pensaron que sería mejor no contarme nada hasta que cumpliera los veinte o veintidós años puesto que a esa edad ya podría entender lo que pasaba. Yo viví una vida normal como todas las chicas de mi edad; a los seis años era una niña bastante traviesa pero iba muy bien en mis estudios y mi profesor siempre me repetía que yo tenía mucha inteligencia y que podría ser superdotada si no me dedicase a perder el tiempo en hacer idioteces como las travesuras que hacía, que eran mas bien pocas; mis padres no se preocupaban porque decían que era propio de mi edad puesto que tan sólo tenía seis años. A medida que fui creciendo tuve una vida normal como la de todas mis amigas aunque como yo era muy curiosa me parecía raro encontrar a mis padres a las dos de la madrugada hablando muy bajito, sí, sí muy bajito, como esas veces que no quieren que se enteren los niños y hablan como si se estuvieran contando secretitos; pues esas veces sí yo aparecía allí a las dos de la madrugada cuando ellos estaban hablando, con una cara como queriendo saber de que hablaban, ellos simplemente se limitaban a sonreír como si no pasase nada; nunca me lo explicaban, sólo sonreían y luego me mandaban a la cama a dormir un poco enfadados. Otra de las muchas cosa raras por las que me daba cuenta de que había algún secreto sobre mi  existencia es que yo nunca acababa de entender por qué teníamos que ir tan frecuentemente al hospital a ver a un científico chiflado que lo único que hacía era preguntarle a mi madre si iba bien el experimento; pero... ¿qué experimento ni qué porras, me  podrían haber dicho lo que pasaba, no? Pero no, ellos no se daban cuenta de que ya no era un bebé porque ya tenía dieciséis años y de que no era tonta puesto que yo de tanto investigar, tantas preguntas y ninguna respuesta, incluso hasta el más tonto de los tontos habría sospechado algo, bueno eso es lo que creo yo. 
                                            
Pasaron los años y cuando ya cumplí los veinte años, una bonita mañana otoñal mis padres me llamaron para que fuese a comer aunque a mí eso me olía a gato encerrado puesto que mis padres no me solían invitar ni siquiera a media galleta, de todas formas fui porque como ya os he contado con anterioridad yo soy muy curiosa y decidí ir a ver cuál era el extraordinario motivo por el que me invitaban, aunque ahora me arrepiento profundamente puesto que el resto de mi vida habría sido mucho más agradable si mis padres nunca me hubiesen revelado aquel misterioso secreto.

Una de las otras muchas razones por las que yo nunca voy a casa de mis padres es porque su casa siempre está sucia y muy desordenada.
Pero lo que hacía tan raro este encuentro es que se podría decir que ese día la casa estaba más limpia y ordenada que el palacio de Buckingham que eso para mis padres ya es decir; nunca olvidaré ese día, todavía lo recuerdo con absoluta claridad. Pasé a la casa y antes de comer mis padres con una tremenda sonrisa falsa, puesto que no valen ni como teloneros en un teatro, me  dijeron que fuese a la salita azul que ahora sí que se podía llamar así porque antes con todo el polvo acumulado más que azul era gris, bueno no me entretendré más así que como iba diciendo una vez en la salita me contaron lo siguiente: Verás  - empezó mi madre - primero tienes que entender muy bien lo que te voy a decir ahora porque si no te será muy difícil entender lo que viene luego, así que escucha: lo que nos pasó a tu padre a mí y a ti fue muy buena suerte puesto que al nacer tú el mejor científico del mundo el señor Braun nos propuso un trato; si aceptábamos colaborar en su experimento, es decir dejarnos hacer pruebas, él haría que nuestra vida fuese muy cómoda proporcionándonos todo tipo de caprichos y riquezas. 
El experimento consistía y consiste en que nada más nacer tú a las dos nos insertaron un chip para saber si al morir después nos reencarnamos en otra persona: es decir que si volviésemos a nacer recordaríamos gracias a ese chip nuestra vida anterior.
Después de toda esa historia yo me quede atónita y les dije a mis padres que se me habían quitado las ganas de comer que me volvía a mi casa. Pero mis padres no se asombraron ni lo más mínimo porque después de lo que me habían contado se imaginaban una reacción semejante.


Ahora que os cuento todo esto tengo ya noventa y nueve años y estoy ingresada en el hospital con cáncer de pulmón.
Pero, ¿qué pasa?, esto es alucinante, guaauu  estoy muerta ¿pero qué es ese agujero? ¡Oh no! parece que estoy entrando en el útero de  una madre; bien voy a vivir otra vida, ¿cuanto tiempo llevaré aquí? Parece que voy a salir, ¡uffff! ya estoy fuera, anda qué casualidad: mi madre es ahora mi hermana, pero estoy un poco triste porque acaba de venir el señor Braun y ha dicho que nos tiene que quitar los chips porque si no, no podremos vivir una vida normal como todo el mundo y no tendremos la personalidad que nos corresponde sino la de nuestra vida anterior y resultaría muy raro.

Así que ya sabéis: los gatos no son los únicos que tienen siete vidas; los humanos podemos llegar a tener más de cien vidas, así que espero amigos lectores que vosotros sepáis disfrutarlas todas. La vida es un tesoro, no la malgastéis; disfrutadla siempre y sabed sacar partido hasta en los peores momentos. Os lo dice alguien que lo ha vivido.

                             "The End."

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